Sábado, 26 de mayo de 2018

Hoy ha sido un buen día.
Mi padre ha venido a visitarme hoy, tras estar de viaje unos días.
Como de costumbre, no ha vacilado a la hora de agasajarme con cualquier capricho banal que hubiese podido desear tener. Hoy, particularmente, ha querido comprarme un reloj de mi elección, pues decía que hubiese deseado traerme uno de su viaje, pero que finalmente ninguno le convenció, por lo que prefería comprármelo hoy, conmigo presente.
En fin, nada realmente destacable: el día ha transcurrido de forma amena, y hoy ha estado especialmente espléndido conmigo.
El problema es que cada vez que llego a casa tras una de sus visitas, mi madre se encuentra particularmente irascible. Malhumorada, desganada, lo cual siempre me hace sentir incómoda, pues aunque sé que el tema de mi padre es una herida que trae consigo abierta, no me gusta ver que está tan apática, incluso me llega a hacer sentir mal por haber pasado con él unas horas agradables.
Sé que es una conclusión totalmente irracional, pero genuinamente yo me siento así, con una especie de "arrepentimiento" interno por haber estado con él sin mostrar rabia por todo a lo que nos condujo.
Han pasado varios años y creo que lo he llegado a perdonar -con ciertos matices, claro- pero de verdad, todavía siento un pequeño malestar de camino a casa en su coche, cuando me deja para volver a su adoptada Málaga, porque en realidad no me gusta ver a mi madre así.
En el transcurso de las horas vuelve a recobrar su estado normal, pero ese primer contacto siempre me deja un poco hecha polvo, llegando incluso a sentir rabia.
Hoy se lo he vuelto a recalcar. <<Eso es algo que no puedo remediar y que no voy a poder cambiar nunca, hija>> me ha dicho.


El segundo punto que quería destacar hoy ha sido un comentario de ella. Nada malintencionado por supuesto, pero que ha hecho levantar cierto resquemor en mí. A juzgar por la situación, estaba hablando de mí con mi abuela, cuando entraba en la cocina. De repente se dirige a mí con las siguientes palabras: <<mi niña sigue pensando que esté donde esté, ella quiere ser la mejor, ¿verdad hija?>>
<<Estaría muy bien ser la mejor en lo que haga, pero de momento no quiero pensar en eso, de verdad. Solo quiero centrarme en hacer las cosas bien, poco a poco, y lo demás ya se verá>> he alcanzado a decir. Inmediatamente su rostro se ha transformado y ha enmudecido, se ha pensado que me ha sentado mal su comentario y que le he respondido de mala manera.
Realmente sí que ha sido un poco así. Ni siquiera quiero pensar en un futuro tan lejano, como bien estuve reflexionando contigo ayer. De verdad, no me hace bien. Y ese tipo de comentarios por parte de ella no me ayudan en lo absoluto. Se acabó el sentir que tengo la obligación de hacerla sentir grandiosamente orgullosa de mí, es algo con lo que cargo y que en realidad me hace mal, me perturba.
Solo soy una persona normal. Y creo que quiero que las expectativas que se depositan en mí sean como tal. Sé que no lo hace para nada con maldad, ni con la intención de presionarme, pero no quiero hablar de nada de eso. Solo quiero reordenar mis ideas, mis prioridades, y empezar de cero, despacio pero firme, sólo así creo que llegaré a buen puerto.

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